Hay bibliotecas que comienzan con un solo libro. Un cuento que nos regalaron de pequeños, una novela que descubrimos en el instituto o aquel ejemplar que compramos durante un viaje y que todavía conserva, entre sus páginas, un billete de tren. Con el tiempo, esos libros terminan ocupando una estantería y, casi sin darnos cuenta, se convierten en una pequeña historia de nuestra vida. Crear una biblioteca personal no consiste simplemente en acumular volúmenes. Es aprender a elegirlos, disfrutarlos, conservarlos y regresar a ellos. También supone construir un espacio propio para la lectura, especialmente importante durante la infancia y la adolescencia, cuando se forman muchos de los hábitos que nos acompañarán durante la vida adulta. El placer de leer en papel: una experiencia que va más allá de las palabras En una época dominada por las pantallas, los libros impresos conservan un atractivo difícil de sustituir. El tacto del papel, la posibilidad de hojear las páginas y la percepción fís...
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